Soy Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, y hoy envío una onda expansiva a través del mundo político. En mi primer discurso público desde que recuperé algo parecido a la libertad, llamo a dos lobos con sombreros MAGA, aquellos que lideraron el proceso contra mí, y denuncio el papel de la CIA en la perpetuación de una guerra global contra la verdad. Mis palabras llegan en un momento crítico, mientras Estados Unidos evalúa sus acciones en un mundo cada vez más polarizado.
No soy solo un denunciante; Me he convertido en un símbolo de la guerra contra la verdad. La gran pregunta ahora es, ¿quién será responsable de perseguirme a mí, un hombre que reveló el lado oscuro del complejo militar-industrial? ¿Trump pondrá las cosas en claro? Es hora de respuestas, rendición de cuentas y un ajuste de cuentas honesto con la verdad de lo que me ha sucedido y por qué.
No me andaré con rodeos. Fui procesado por dos lobos con sombreros de MAGA. Trabajaron incansablemente para silenciarme, no por ningún delito, sino por exponer verdades incómodas sobre el gobierno de Estados Unidos. No estoy atacando a Trump directamente, estoy acusando a quienes operaron en nombre de "Make America Great Again" mientras traicionaban sus ideales de libertad y justicia. ¿Quiénes eran estos lobos? La respuesta es clara: el exdirector de la CIA Mike Pompeo, quien abiertamente calificó a WikiLeaks como un "servicio de inteligencia no estatal hostil".
La CIA ha buscado durante mucho tiempo silenciar a los denunciantes y periodistas. Pompeo, bajo el pretexto de la seguridad nacional, me atacó agresivamente. Nunca fui una amenaza para la seguridad nacional, sino para quienes estaban en el poder y querían mantener ocultas sus acciones.
Al exponer estos secretos, demostré cómo las agencias de inteligencia manipulan las narrativas y controlan la percepción pública. En un mundo que se enorgullece de su libertad, me convertí en el objetivo, un duro recordatorio de que quienes dicen la verdad son castigados, mientras que los criminales de guerra andan libres.
Permítanme subrayar una dura realidad: la guerra se vende a base de mentiras, y quienes dicen la verdad pagan el precio. Los gobiernos de todo el mundo optaron por matar al mensajero en lugar de enfrentarse a los verdaderos crímenes que expuse. Mi persecución no tiene que ver con la seguridad, sino con el poder.
Si pueden suprimir la verdad, ¿qué esperanza hay para la libertad? ¿Para la democracia? Esta no es solo mi lucha; es una lucha para todos los que creen en un mundo justo, donde prevalezcan la verdad y la rendición de cuentas.
Donald Trump tiene una oportunidad aquí: una oportunidad de recuperar la narrativa abordando mi situación de frente. Si realmente quiere drenar el pantano y luchar por la verdad y la libertad, entonces debe tomar una postura clara a favor de mí y de aquellos que arriesgan todo para exponer la verdad. Para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande, Trump debe enfrentar las injusticias contra mí y dejar en claro que quienes expongan verdades incómodas serán protegidos, no perseguidos.
La lucha por la verdad está lejos de terminar; ahora es el momento de que todos decidan de qué lado de la historia quieren estar.
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